A dos años de la devastadora explosión que sacudió el corazón de San Cristóbal el 14 de agosto de 2023, el dolor, la indignación y la sensación de injusticia siguen presentes entre familiares y vecinos de las víctimas.
Este jueves, desde tempranas horas de la mañana, decenas de dolientes se congregaron en la llamada “zona cero”, ubicada en la calle Padre Ayala, el mismo lugar donde la tragedia cobró la vida de 38 personas y dejó a otras 12 en calidad de desaparecidas. Con lágrimas, flores, velas y pancartas que muestran los rostros de quienes perdieron la vida, exigieron que el caso no quede en el olvido y que se identifique y procese a los verdaderos responsables.
La conmemoración estuvo marcada por un profundo silencio, roto solo por oraciones, cantos y consignas de justicia. Algunos familiares, aún visiblemente afectados, narraron cómo la tragedia transformó por completo sus vidas, no solo por la pérdida irreparable de seres queridos, sino también por las secuelas emocionales y económicas que arrastran desde entonces.
A pesar de que han transcurrido 24 meses desde el siniestro —que se originó en circunstancias todavía no esclarecidas completamente—, los afectados aseguran que las investigaciones oficiales han sido lentas y poco transparentes. “No queremos discursos ni promesas vacías. Queremos responsables ante los tribunales y castigo para quienes permitieron que esta desgracia ocurriera”, manifestó uno de los portavoces del grupo.
Organizaciones comunitarias y defensores de derechos humanos también se sumaron a la vigilia, señalando que la tragedia de San Cristóbal evidenció la falta de controles de seguridad industrial y la negligencia de las autoridades locales y nacionales.
Mientras el sol caía, las velas encendidas en la calle Padre Ayala se convirtieron en un símbolo de memoria y resistencia, reafirmando el compromiso de las familias de no descansar hasta que se haga justicia y se honre de manera digna la memoria de quienes ya no están.

